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El Primer Congreso Iberoamericano por la Vida y la Familia surge como consecuencia de la batalla ciudadana para establecer la defensa de la vida y la familia en México y buscar un consenso internacional frente a estos temas tan trascendentes.

La Iniciativa Ciudadana por la Vida y la Familia es un esfuerzo de la sociedad civil organizada acompañada por iglesias, ministerios, alianzas pastorales y congregaciones evangélicas que se unen en defensa de la vida, desde su concepción hasta su muerte natural; y de la familia entendida ésta como la unión de hombre y una mujer para salvaguardar la perpetuidad y el adecuado desarrollo de la especie humana.

La controversia generada por la iniciativa presidencial anunciada por el ejecutivo el 17 de mayo de 2016, ha desatado en el país una gran polémica en la que se confunden cuestiones meramente ideológicas en contra de posiciones biológicas y científicas, que se agravan cuando los grupos de la diversidad sexual se dicen agredidos apenas se menciona que hay quienes tenemos una opinión diferente.

Como sociedad civil hemos insistido en que es obligación del Estado proteger el matrimonio entre un hombre y una mujer ya que es el único modelo de familia que garantiza la vida a través de la procreación y mantiene el equilibrio social. Ninguna otra figura cumple la expectativa humana al desarrollo pleno y natural del individuo y la multiplicación de otros modelos es la razón del debilitamiento social que vemos en las estructuras sociales y las instituciones.

La falta de valores y principios éticos ha llevado a nuestra sociedad a un desmoronamiento moral que tanto lamentamos los ciudadanos que hemos dejado de creer en los gobernantes e instituciones manejadas por personas sin sentido ético de manera tal que se crean medidas que pueden ser legales, pero no justas. Legales, pero no morales. Este es el momento de construir una nación basada en principios éticos que nos dé certeza, seguridad y confianza a los ciudadanos.

La Iniciativa Ciudadana por la Vida y la Familia, no se declara vocero de los evangélicos en general, ni representante de los mismos ante ninguna autoridad, sino que apoya los esfuerzos de iglesias y ministerios evangélicos a fin de que, cada uno en su propia voz, haga valer sus derechos ciudadanos apoyándoles con materiales, información y medios para hacer público su posicionamiento y visión de la sociedad.